El reto de la oralidad en la traducción
Traducir la oralidad representa uno de los desafíos más fascinantes tanto para los traductores como para los estudiantes de traducción. Esto se debe, por un lado, a los diversos mecanismos utilizados para expresar la oralidad y a las diferentes relaciones que se establecen en este contexto. Estas relaciones influyen en cómo se entiende y se traduce el discurso, ya que el contexto paralingüístico puede modificar el significado.
Los elementos del discurso oral se encuentran en múltiples tipos de traducción. Esto incluye, sobre todo, la interpretación (ya sea consecutiva, simultánea o de enlace) y la traducción audiovisual (con un enfoque particular en el doblaje, aunque también a tener en cuenta en la subtitulación), así como la traducción literaria (especialmente en los diálogos), la localización de videojuegos (de nuevo, con énfasis en los diálogos), la traducción jurídica (con los juicios como un ejemplo típico), y la traducción científico-técnica (como en los textos resultantes de la transcripción de conferencias, por ejemplo).
Características de la oralidad
La oralidad se define por una serie de rasgos distintivos que caracterizan el discurso transmitido a través del canal oral.
1. Naturaleza plurigestionada: La comunicación oral es interactiva y se construye a través de la acción conjunta de los interlocutores, quienes alternan sus turnos de habla (que en ocasiones ocurren de manera simultánea). Esta dinámica provoca una configuración del texto en tiempo real, lo que hace que cada intervención influya en el desarrollo de la conversación.
2. Imprevisibilidad y espontaneidad: A diferencia del texto escrito, la conversación oral es menos predecible. Aunque los participantes pueden tener un esquema o tema preparado, el contenido exacto del discurso se crea durante la interacción, lo que añade un elemento de espontaneidad.
3. Integración de códigos: En la oralidad, se combinan diversos elementos comunicativos. Además de los medios lingüísticos, también se utilizan elementos paralingüísticos como la entonación, el ritmo, el tono de voz y las pausas, así como elementos cinéticos (gestos) y proxémicos (uso del espacio).
4. Abundancia de referencia exofórica: En la comunicación oral, es común el uso de deícticos, ya que el emisor y el destinatario suelen estar presentes en el mismo contexto espacial y temporal. Esto permite una referencia más directa a situaciones y objetos del entorno.
5. Información implícita: La oralidad tiende a contener una mayor cantidad de información implícita. En muchos casos, los participantes no necesitan explicitar todos los detalles, ya que el contexto permite deducir la información necesaria.
6. Predominio de modalidades expresivas y conativas: El discurso oral se centra más en el destinatario que el texto escrito. Se utilizan preguntas retóricas, la segunda persona del singular como forma impersonal, y vocativos o partículas apelativas para mantener el contacto con el oyente. Además, se emplean expresiones enfáticas, interjecciones y exclamaciones que refuerzan el mensaje.
7. Rasgos discursivos:
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- Presencia de conectores o partículas pragmáticas, que solo funcionan en el contexto oral, como «oye» o «bueno».
- Uso de expresiones que conectan o estructuran el discurso, como «pues», «entonces» o «además».
- Partículas que indican cambio de tema, como «a propósito» o «por cierto».
8. Rasgos lingüísticos:
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- Fónicos: Relajación articulatoria con pérdida de consonantes («Estoy cansao») y uso de contracciones («¿A qu’as venido?»).
- Morfosintácticos: Uso de abreviaciones («poli», «tranqui») y abundancia de diminutivos, aumentativos y despectivos.
- Sintácticos: Estructuras parceladas y oraciones incompletas desde el punto de vista gramatical, como «Si yo te contara…». El anacoluto es común (por ejemplo, «Yo me parece que tienes razón»).
- Léxicos: Escasa densidad léxica caracterizada por repeticiones, paráfrasis y redundancias.
Distintos niveles de oralidad
Dentro de los tipos de textos que podemos encontrarnos relativos a la oralidad, nos encontramos con:
- Oralidad espontánea: Este nivel se refiere a la comunicación que ocurre de manera natural y sin preparación previa, como en una conversación informal entre dos personas. La interacción es fluida y se caracteriza por la espontaneidad, lo que puede presentar desafíos para el traductor al intentar captar el tono y la intención del hablante.
- Oralidad planificada: Este tipo de oralidad se basa en un texto escrito y, por lo tanto, imita los rasgos de lo escrito. Se puede observar en situaciones donde se sigue un guion o se utilizan notas, como en presentaciones o discursos que, aunque se presentan de manera oral, tienen una estructura más rígida y planificada.
- Oralidad prefabricada: Este nivel, acuñado por Chaume (el crítico Zabalbeascoa prefiere referirse a este tipo de oralidad de una forma menos derogatoria, como “simulada”) incluye textos orales o escritos que imitan de forma premeditada los rasgos de la oralidad. Ejemplos de esto son los diálogos de películas o libros, donde el lenguaje se diseña para sonar natural y conversacional (podemos encontrarnos incluso ejemplos extremos, como la novela Trainspotting de Irvine Welsh), a pesar de haber sido cuidadosamente elaborado.
- Escritura conversacional: Este nivel se manifiesta en textos que, aunque son escritos, presentan características propias de la oralidad. Un ejemplo común son los mensajes de WhatsApp, donde se utilizan abreviaciones, onomatopeyas y un estilo más informal que refleja la comunicación oral.
¿Cómo afectan los rasgos de la oralidad en la traducción?
En el proceso de traducción, los traductores han de enfrentarse a una serie de dificultades para mantener la frescura y autenticidad propias de la oralidad. Las frases inacabadas, vacilaciones, elipsis y redundancias, tan comunes en la comunicación oral espontánea, tienden a desaparecer o a ser «normalizadas» en la lengua meta para garantizar la claridad del texto escrito. Se tiende a simplificar los rasgos distintivos del lenguaje oral, resultando en textos más «estándar». Esto sucede tanto en textos audiovisuales como literarios, donde la traducción puede obviar regionalismos, acentos o variaciones sociales, eliminando parte de la riqueza y complejidad del original.
Los gestos, entonaciones, pausas y otros elementos que complementan el mensaje en el discurso oral requieren reinterpretaciones o adaptaciones. Esto es particularmente importante en traducciones audiovisuales, donde los elementos paralingüísticos deben transformarse en estrategias comprensibles para el público objetivo.
En textos planificados o prefabricados, como diálogos en guiones o novelas, el traductor debe mantener el delicado equilibrio entre la conservación y la adaptación de los giros idiomáticos originales para que resulten naturales en la lengua término. Por ejemplo, expresiones coloquiales o dialectales pueden perder matices si no se encuentran equivalentes funcionales en la lengua meta.
Traducir la oralidad es un reto que combina técnica y creatividad, pues requiere reflejar la espontaneidad, el contexto y los matices culturales del discurso original. Ya sea en textos audiovisuales, literarios o interpretaciones, el traductor debe equilibrar fidelidad y naturalidad para mantener la autenticidad y la conexión con el público meta. Esto resalta la riqueza y complejidad del lenguaje como reflejo vivo de la interacción humana.
María Martínez Romero













