Lenguaje y manipulación
El ser humano posee muchas características que le permiten diferenciarse del resto de especies. Una de ellas es la capacidad de poder expresarnos a través de un lenguaje. Gracias al uso de la palabra, podemos comunicarnos de manera verbal; y, a través de la transmisión y expresión de ideas, podemos reflexionar y modelar nuestro pensamiento, así como la percepción que tenemos del mundo, además de poder conversar con otros.
Luego, no es de extrañar que, al formar parte de la identidad de la persona, el impacto del lenguaje sea objeto de estudio. Tanto es así que, al observar las formas que tiene el ser humano de moldear sus ideas o a otros individuos, la manipulación se convierte en aspecto de investigación lingüística.
La manipulación y las funciones del lenguaje
Como es bien sabido, existen unas funciones que ejerce el lenguaje en función de la intención comunicativa del emisor: referencial, poética, fática, metalingüística, emotiva o apelativa. Precisamente la última, la función apelativa, es la que busca influir en la conducta del receptor; y la manipulación, como medio de influencia en el receptor, puede vincularse por tanto con esta función del lenguaje.
En este caso, el emisor hace uso de las palabras movido por un interés concreto, un uso estratégico de la lengua para convencer al otro de una cosa mientras, a la vez, se consigue otro propósito, el cual está encubierto. Para lograr esto, el emisor se sirve de varias propiedades o recursos del lenguaje, como veremos a continuación.
El uso de la terminología para engañar al cerebro del receptor
Uno de los recursos del lenguaje que permiten engañar al cerebro de los demás es el uso de eufemismos, es decir, terminología decorosa que actúa como sinónimo de otra palabra, si bien no lo es necesariamente. Podemos encontrar múltiples ejemplos de esto en nuestro día a día, al hablar de “ajuste de plantilla” para referirnos a los despidos en una empresa, “intervención militar” en lugar de “guerra”, “desaceleración” para hablar de una crisis económica, o “confrontación” en vez de “pelea”.
Junto a los eufemismos, se encuentran las llamadas “palabras talismán”. Son términos que pueden tener un significado muy amplio y que el emisor emplea para su propósito. Un ejemplo es la palabra “progreso”, empleada en los medios de comunicación y en la política para hablar de una nueva etapa que comienza tras el estancamiento o retroceso producido por otros partidos políticos o gobernantes.
Este recurso se emplea mucho, por ejemplo, en los nacionalismos. La emoción que puede transmitir palabras como “libertad” o el propio nombre del país o la región puede hacer que en el cerebro del receptor prime la emoción frente a la razón. Esto se debe a que el cerebro se vuelca para comprender dicha emoción, por lo que no se produce reflexión sobre la información recibida. Lo que se produce, por tanto, es un cambio de pensamiento a sentimiento, recurriendo a aspectos propios de la persona –en este caso, la libertad de la nación apela a la sensación de la libertad humana–. Así, la percepción del receptor se alinea con las ideas o las intenciones del emisor.
En definitiva, la terminología es un recurso fundamental de la manipulación. De hecho, tal es el impacto que tiene el lenguaje en nuestro cerebro, que podemos encontrar análisis de ejemplos en obras literarias y en acontecimientos históricos que ponen de manifiesto la manipulación a través del lenguaje.
Ejemplos de lenguaje manipulativo en la literatura y en la historia
La famosa distopía 1984, de George Orwell, presenta un claro ejemplo de cómo el lenguaje se puede emplear para la manipulación y, por ende, el control de las masas. En un régimen totalitario, la neolengua era la forma de comunicación a través de la cual se expandían los ideales impuestos a la sociedad gracias su utilización por los propios ciudadanos, que debían expresarse de la manera indicada por el poder superior.
Este lenguaje controlado, simplificado y lleno de eufemismos hace uso del vocabulario cotidiano y conocido por nosotros, los lectores, si bien cuenta con modificaciones para evitar significados indeseados. Por ejemplo, elimina palabras y suple dicha ausencia a través de derivaciones inventadas, como “plusbueno” para referirse a “muy bueno” o “excelente” para acentuar una cualidad sin establecer comparaciones, o “inbueno” para hablar de algo “malo” sin indicar contrariedad entre palabras. De igual manera, inventa palabras para inculcar el pensamiento, como es el caso de “buensexo” para hablar de la “castidad” o “bienpensar” para referirse a la justicia, la moralidad y la democracia, entre otros conceptos.
Si extrapolamos esta idea de la modificación y el uso de palabras para la manipulación y persuasión de la sociedad a la vida real, encontramos múltiples ejemplos. El nazismo, por ejemplo, se sirvió del uso de expresiones y eufemismos propuestos por un nuevo lenguaje o una variante del alemán, el Sprachregelung, para encubrir la realidad de las medidas antisemitas, como fue el caso de “solución final” (Endlösung) para sustituir “exterminio” (Beseitigung) o “campos de trabajo” (Arbeitslagern) para referirse a los campos de concentración (Konzentrationslagern).
En la historia española, por ejemplo, la manipulación del lenguaje permitió encubrir los propósitos de ETA a través de eufemismos. En vez de denominarla “banda terrorista”, como actualmente se hace (si bien no en todos los medios), los medios de comunicación hablaban de “banda de pistoleros” u “organización independentista”. Este ocultamiento de la realidad jugaba a favor de este grupo, pues sus integrantes podían tergiversar su propósito para hacer ver a la gente que era bueno y buscaba la liberación.
La lingüística forense
Como se ha visto, el fenómeno de la manipulación a través de la lengua se puede aplicar a nuestro día a día. Sin embargo, la detección de la manipulación en el ámbito jurídico es crucial para hacer un correcto análisis de las pruebas de un proceso judicial, y puede influir en la sentencia final. Para ello, la lingüística forense juega un papel clave. Esta rama científica permite recabar pruebas de la lengua, ya sea oral o escrita, y analizarla en todos sus aspectos: fonética, morfología, gramática, pragmática… Así, se puede estudiar el uso del léxico para persuadir a otros y detectar las verdaderas intenciones tras una declaración policial o una carta o documento presentado como prueba.
Dicho estudio tiene sus implicaciones en el mundo de la traducción e interpretación, pues una correcta transmisión del mensaje permitirá detectar lenguaje manipulativo en las pruebas aportadas durante un proceso. Además, el traductor o intérprete actúa como mediador cultural, de manera que puede ayudar a solventar confusiones relativas a manifestaciones lingüísticas cuya interpretación puede variar entre culturas, para así evitar confusiones que impidan la correcta sucesión de los procedimientos judiciales.
Conclusión
El lenguaje, como medio para la comunicación entre seres humanos, cuenta con múltiples recursos que permiten modificar la intención del mensaje, ya sea informativa o persuasiva. La manipulación es uno de ellos, pues a través de ella se puede cambiar la percepción del receptor sin que este lo sepa, así como obtener el propósito verdadero que tiene el emisor a la hora de producir un mensaje.
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Eva Polaino Gutiérrez
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