La traducción cosmética: el área desconocida de la traducción científico-técnica

Cuando pensamos en textos científico-técnicos, nos vienen a la cabeza los laboratorios, la investigación científica, los equipos de ingenieros aeroespaciales, la tecnología, pero… ¿Alguna vez has pensado en la cosmética como parte de esta especialización?

El impacto de la industria de la cosmética en la sociedad cada vez es más notorio: ya no solo por las ventas de los productos, sino por las figuras mediáticas que han surgido en las redes sociales en torno al consumo de estos (los llamados “gurús de belleza”). Podemos afirmar así que la industria de la belleza y el cuidado personal se encuentran en una etapa de expansión significativa.

El papel de la traducción en la cosmética

La gama de productos que se puede encontrar en el sector de la belleza es muy amplia, desde el cuidado del cabello y de la piel, hasta el maquillaje y la perfumería. Estos artículos se crean en laboratorios, por lo que la traducción permite a los proveedores progresar y comunicarse entre ellos para desarrollar nuevos ingredientes o fórmulas.

Además, los productos cosméticos deben incorporar en sus envases información relativa a su elaboración, los componentes con los que se han hecho, etcétera. Para ello, la traducción juega un papel clave como puente para trasladar la información a otros idiomas, lo cual permite la comercialización de los productos en múltiples países.

La traducción de etiquetas y prospectos constituye así un elemento clave para el éxito de este ámbito, que se caracteriza por su alto grado de especialización y rigurosidad, pues cualquier error de traducción puede conllevar graves consecuencias, al impedir la transparencia de la información.

Los desafíos de la traducción de prospectos cosméticos

Los productos cosméticos deben cumplir con las normativas del país donde se quieren comercializar. Estas normativas están pensadas para garantizar un nivel mínimo de protección de la salud de los usuarios.

Por lo general, los prospectos de estos artículos deben incluir una serie de etiquetas con los ingredientes, además de las instrucciones de uso, advertencias de dónde no aplicarlo (en caso de que sea necesario especificar), prohibiciones sobre uso en condiciones específicas, instrucciones para eliminar el producto en caso de entrar en contacto en zonas donde no deba o pueda aplicarse, etcétera. Estos textos deben ser claros y no pueden incluir información no relativa a lo que contenga. Cualquier imagen o símbolo debe corresponderse con las instrucciones y los ingredientes que contiene el producto al que se refiere.

Estos textos contendrán una gran cantidad de terminología específica, relativa a los componentes del producto, que serán nombres de químicos o derivados y, por tanto, probablemente precisen de un traductor con conocimientos sobre la elaboración de este tipo de artículos. Además, en el caso de los prospectos, los espacios del texto son muy pequeños, por lo que serán textos muy escuetos y de lingüística poco elaborada, es decir, no da pie a la creatividad ni a la expansión. Los mensajes deben ser simples y transparentes.

En España, los artículos cosméticos están sujetos a las regulaciones del Reglamento de la Comisión Europea 1223/2009, que establece que la información obligatoria debe ser fácil de leer y de localizar y no deben dar margen a malinterpretaciones. En algunos casos, puede que haya estructuras acuñadas, tanto en la lengua origen como en la lengua meta, debido a la frecuencia de uso de oraciones y estructuras bastante mecánicas y concisas en este tipo de productos. Un ejemplo es el uso de infinitivos para dar instrucciones o recomendaciones de uso, como la oración Do not apply to injured or burn skin, que se puede encontrar en artículos de maquillaje y cuidado de la piel, y que en español se corresponde con “No aplicar sobre piel herida o quemada”.

La traducción como elemento clave para vender el producto

Otro desafío que presenta la traducción de este tipo de artículos son los aspectos culturales. Es muy importante entender las preferencias del consumidor en el país en el que se va a comercializar un producto. Por ello, es importante saber transmitir el contenido de cualquier texto que no esté estrictamente relacionado con las instrucciones de uso o ingredientes, pero que proporciona información al usuario sobre ese artículo, como puede ser contenido en el propio envase que te lo “vende”. En ocasiones, es necesario hacer un mayor énfasis en unas palabras o hacer cambios en el texto para acercarse más al consumidor. Si bien esto es algo más relativo a los especialistas de marketing, como traductores, nosotros también debemos ser conscientes de qué busca el cliente al que se destina este producto, y desarrollar la mejor traducción para poder contribuir en la venta de ese artículo. Todo ello, huelga decir, manteniendo la claridad de la terminología especializada.

También juega un papel clave la correcta traducción del nombre del producto en sí. En muchas ocasiones, la reputación de una marca es la que determina la elección de una crema o un champú, pero no sería la primera vez que una persona se decanta por un pintalabios por el nombre que tiene. En estos casos es cierto que la traducción se aleja bastante del ámbito científico-técnico en sí, pudiendo hablar incluso de una combinación con la transcreación. No obstante, cuando el propio nombre incluye componentes, la traducción debe ser clara, mantener ese elemento y, al mismo tiempo, que la complejidad que pueda aportar ese factor no dificulte la atracción al consumidor. Esto sucede, por ejemplo, con los productos con ácido hialurónico, que han cobrado gran importancia en los últimos años. Una crema cuidado para la piel que tenga como nombre Hyalu, en referencia al ácido hialurónico, plantea dos opciones: mantenerlo tal cual (Hyalu Cream) o traducirlo, de manera que sea “Crema Hialu” y el cliente pueda intuir cuál va a ser uno de sus componentes principales.

Errores comunes en la traducción cosmética

Como hemos mencionado, la claridad es una característica clave en la traducción del mundo de la cosmética. En ocasiones, al buscar mantener una estructura similar, principalmente debido a la limitación de espacio, se cometen calcos que no se corresponden con lo que verdaderamente quieren decir, pudiendo llegar a ser incluso una traducción errónea. Es el caso de “poros contentos” para pleased pores, cuando lo que quiere decir es que los poros quedan limpios, libres de suciedad, al emplear el producto (si bien es cierto que, como parte de un eslogan, podría funcionar).

Algunos de estos calcos pueden llevar a errores de sentido, como ocurre con la traducción “máscara extensiva” para extensions mascara. Sin un contexto, no se podría afirmar que la traducción no sea la más adecuada. No obstante, si tenemos en cuenta que, entre los tipos de máscara de pestañas se encuentra una que busca hacer un efecto de extensión (y no “extender” como tal las pestañas), quizá una traducción más clara sería “máscara de efecto extensión”.

La subsanación de estos errores es complicada, pues algunos casos se extienden y se acuñan en la jerga. No obstante, como traductores, debemos tratar de solventarlos y evitar que se produzcan de nuevo, no solo porque sea nuestra labor, sino también para garantizar la transparencia.

Conclusiones

La traducción cosmética es una subespecialidad de la traducción científico-técnica que actualmente se encuentra en auge, como consecuencia en buena parte del aumento en el uso de estos artículos, y la mayor importancia que estos están cobrando en nuestro día a día. Desde el maquillaje hasta los productos de cuidado capilar, cada vez podemos encontrar más cantidad y mayor variedad.

La traducción de los prospectos y de toda la información relativa a estos productos presenta sus complejidades debido a la terminología y la necesidad de una transmisión correcta, lo cual puede plantear desafíos y provocar errores de traducción.

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