Cómo la peste negra propulsó el uso del inglés frente al francés en Reino Unido
A primera vista, parece improbable que una epidemia sea la causante de un cambio lingüístico tan drástico, pero la peste negra fue una pieza clave a la hora de decidir el futuro de Inglaterra en todos sus ámbitos.
A mediados del siglo XIV, Europa fue devastada por una de las peores tragedias de su historia. La peste negra, también conocida en su época como la Pestilencia, acabó con cerca de un tercio de la población del continente en tan solo tres años. En Inglaterra, el impacto fue especialmente severo, y murieron aproximadamente la mitad de sus habitantes. Más allá de la devastación humana, la peste negra transformó profundamente la sociedad inglesa, alterando su estructura económica, religiosa y cultural. Entre los cambios que provocó esta tragedia, uno de los más significativos fue el resurgimiento del inglés como lengua mayoritaria en el Reino Unido, ya que durante casi tres siglos había quedado relegado a un segundo plano por el dominio del francés.
Antes de la epidemia
Tras la conquista normanda de 1066, el francés se convirtió en la lengua del poder en Inglaterra: la nobleza, los tribunales y los altos cargos administrativos y religiosos eran francófonos por orden de Guillermo el Conquistador, más tarde conocido como Guillermo de Inglaterra. El inglés medio (en filología histórica, se denomina Middle English a las distintas formas que tomó la lengua inglesa en Inglaterra desde finales del siglo XI hasta finales del siglo XV), que hasta entonces había sido la lengua de la administración y la literatura, fue desterrado al campo y relegado a las clases populares, de manera que el francés era para los ricos, y el inglés para los pobres.
El resultado de esta transformación fue un país esencialmente bilingüe en el que el pueblo hablaba inglés mientras que las élites se comunicaban exclusivamente en francés (y latín, en el caso del clero). Este contacto constante entre las lenguas provocó cambios tan significativos en inglés como la simplificación de su gramática para adaptarse a la francesa, la pérdida del género gramatical y la sustitución de gran parte del vocabulario por préstamos franceses. Por lo tanto, son pocos los vestigios que nos quedan del inglés medio en el que se habla actualmente (prácticamente solo permanecieron las preposiciones, los pronombres, las conjunciones y los verbos auxiliares, además de algunos conceptos fundamentales como mann (hombre), wīf (mujer), cild (hijo, hija), hūs (casa)). Muchos de los préstamos franceses adoptados en la época, siendo palabras tan elementales como govern (gobernar), crime (crimen), religion (religión), peace (paz) o beauty (belleza) aún forman parte del vocabulario inglés actual.
Las fronteras entre las dos lenguas comenzaron a difuminarse hacia el siglo XIII. Los matrimonios entre nobles franceses y mujeres inglesas hicieron que muchos hijos de familias supuestamente francófonas aprendieran inglés de sus madres o niñeras. El país se estaba volviendo progresivamente bilingüe y cada vez más miembros de la aristocracia hablaban inglés. No obstante, el francés seguía siendo el idioma del prestigio y la educación. En las escuelas y universidades, el uso del inglés era motivo de sanción, y se enseñaba únicamente en latín y francés.
El año que lo cambió todo
En 1348, un barco procedente de la Europa continental atracó en la costa sur de Inglaterra. No sería nada digno de mención, si no fuera porque a bordo viajaban las ratas infestadas de pulgas portadoras de la bacteria Yersinia pestis que trajeron la peste negra al país.
La enfermedad se propagó por el país en un abrir y cerrar de ojos, y en apenas dos años había aniquilado a millones de personas. Se estiman que fueron unos dos o tres millones, que puede parecer un número no tan elevado considerando la alta tasa de mortalidad, la rápida propagación de la peste negra y el tamaño actual de la población inglesa, pero en aquel momento la nación solo contaba con seis millones de habitantes. Las consecuencias fueron catastróficas: desaparecieron pueblos enteros, se perdieron las cosechas por falta de mano de obra y la estructura feudal comenzó a tambalearse. Sin embargo, esta epidemia fue, paradójicamente, el motor principal que impulsó el cambio social y económico que marcó la sociedad inglesa para siempre.
Una sociedad transformada
Las consecuencias culturales de la epidemia fueron abismales. La peste había diezmado no solo a los trabajadores rurales, sino también a quienes sostenían el uso del francés y el latín en los ámbitos académicos y administrativos. Como consecuencia de esto, el inglés comenzó a florecer como lengua mayoritaria en las universidades, los tribunales y las escuelas, ya que era imposible encontrar personal cualificado para enseñar en esas lenguas.
Curiosamente, los monasterios fueron los lugares perfectos para la propagación del contagio, y esto se vio reflejado en la alta tasa de mortalidad entre el clero. Los nuevos miembros que reemplazaron a los clérigos fallecidos eran, en su mayoría, angloparlantes, por lo que el latín, que hasta entonces había sido la lengua dominante en la Iglesia y la educación, perdió terreno rápidamente.
A nivel social, la escasez de trabajadores alteró la jerarquía tradicional, ya que los campesinos y artesanos supervivientes podían exigir mejores condiciones y salarios. Esta situación trajo consigo un incipiente espíritu de movilidad social y orgullo nacional. La lengua de esta nueva clase emergente no era el francés de los nobles ni el latín de la Iglesia, sino el inglés del pueblo. Por primera vez en siglos, el inglés volvió a consolidarse como la lengua nacional. Tanto que en 1362 fue utilizado oficialmente en la apertura del Parlamento por primera vez desde la creación de este en 1236, y ese mismo año se aprobó el llamado Statute of Pleading, que autorizó el uso del inglés en los tribunales y desplazó al francés como lengua jurídica.
El papel del nacionalismo
A pesar de que la peste bubónica tuvo el papel principal en este desplazamiento lingüístico, la guerra de los Cien Años (1337-1453) que puso a Inglaterra y a Francia en bandos opuestos, avivó un sentimiento de identidad nacional que se expresó también a través de la lengua. El francés pasó a ser el idioma del enemigo, y el inglés se convirtió en un símbolo de pertenencia y orgullo.
La combinación de la peste negra y la guerra consolidó definitivamente el regreso del inglés como lengua dominante, habiendo dejado el francés incontables galicismos y cambios gramaticales a sus espaldas. Esta época supuso, sin duda, una tragedia sin precedentes, pero también fue un punto de inflexión en la sociedad inglesa. Sin proponérselo, la enfermedad que casi acaba con los ingleses contribuyó a forjar la identidad lingüística que hoy define a la nación.
El inglés sobrevivió a los años oscuros del Medievo, se fortaleció ante la adversidad y emergió como la lengua del pueblo y de una nueva sociedad más justa y menos dependiente del poder extranjero. En ese sentido, puede decirse que la peste le devolvió la voz a Inglaterra.
Irune Miravalles García











